Editorial
Resumen
«Para cumplir con los estándares curriculares, el artista o el diseñador sometía su intuición a la coreografía de la plantilla: llenar formularios de metodologías cuantitativas o cualitativas, inflar justificaciones de impacto y redactar tesis que analizaban el entorno como un agente externo. Las artes, el diseño y las humanidades no producen conocimiento del mismo modo en que lo hacen las ciencias, puesto que las tecnologías afectivas y prácticas son capaces de responder a complejidades que la teoría pura no alcanza a nombrar; el saber encarnado, digestivo, sensible ocurre en la superficie del material y en las capas del contexto. La integración de estos saberes al terreno de la educación superior comenzó a legitimar la existencia de múltiples maneras de pensar el país, en las que el error y el proceso de reflexión sobre el mundo y sobre uno mismo quedan incluidos».